En el corazón del altiplano mexicano, donde floreció la majestuosa ciudad de Tollan-Xicocotitlan, hoy conocida como Tula de Allende, Hidalgo, nació una de las leyendas más emblemáticas de la historia prehispánica: la del pulque y la Reina Xóchitl, la mujer que, según los relatos toltecas, dio al mundo la bebida de los dioses.
El legado de Tollan: cuna de cultura y sabiduría
Durante el apogeo del Imperio Tolteca (entre los siglos X y XII), Tula fue el centro de una de las civilizaciones más avanzadas de Mesoamérica. Famosa por sus esculturas monumentales —los Atlantes de Tula—, su arquitectura y su influencia en el arte y la cosmovisión, la ciudad era símbolo de equilibrio, ciencia y espiritualidad.
En ese entorno floreció una historia que combina amor, sabiduría y destino divino: la leyenda del descubrimiento del pulque.
La leyenda de la Reina Xóchitl
Cuenta la tradición que Xóchitl, hija de un noble llamado Papantzin, descubrió accidentalmente el secreto del maguey. Papantzin, observando cómo una planta herida dejaba escurrir un líquido dulce, recolectó esa savia y la llevó a su hija, quien experimentó con ella hasta obtener una sustancia blanca, espesa y fermentada.
Maravillada por su sabor y propiedades, Xóchitl decidió ofrecerla al rey Tecpancaltzin, gobernante de Tollan. El monarca quedó tan impresionado por la bebida y la belleza de la joven que la hizo su consorte. Con el tiempo, Xóchitl se convirtió en reina, y su hijo, Meconetzin (“hijo del maguey”), heredó el trono tolteca.
De ahí surgió el mito del pulque, considerado un regalo divino del maguey y símbolo de fertilidad, abundancia y conexión espiritual con los dioses.
El pulque: bebida sagrada de los dioses
En la cosmovisión tolteca, el maguey era una planta sagrada, fuente de alimento, abrigo y bebida. El pulque no solo era consumido en celebraciones, sino también en rituales religiosos y ceremonias agrícolas. Su uso estaba reservado a sacerdotes, gobernantes y personas mayores, pues se creía que era el vehículo para comunicarse con los dioses.
Con el tiempo, esta tradición se extendió a otras culturas mesoamericanas como los mexicas y los otomíes, quienes veneraban a Mayahuel, la diosa del maguey y madre del pulque.
Un símbolo que perdura en Hidalgo
Hoy, más de mil años después, el pulque sigue siendo emblema de identidad hidalguense. En comunidades cercanas a Tula, Apan, Zempoala y Singuilucan, las antiguas haciendas pulqueras conservan la tradición de la extracción del aguamiel y la fermentación artesanal, manteniendo viva la herencia tolteca.
El mito de Xóchitl y el maguey no solo cuenta el origen de una bebida, sino también el poder de la mujer, la naturaleza y la cultura ancestral que aún define a la región.
El pulque no es solo una bebida: es historia líquida, un puente entre el pasado y el presente que conecta nuestras raíces con la tierra sagrada de Tula. En cada sorbo, se honra a la Reina Xóchitl y al pueblo tolteca, guardianes de una tradición que, siglos después, sigue viva en el corazón de Hidalgo.



